SOBRE LOS MEGALITOS

Estudiando Prehistoria el año pasado, me topé con uno de los temas que siempre me ha llamado la atención: los megalitos. Quizás sea una fijación infantil por culpa de Astérix y Obélix. Lo cierto es que pensaba yo que iba a resolver mis dudas con el estudio de los megalitos, resultando finalmente todo lo contrario: como otros muchos aspectos de la Prehistoria, son múltiples las teorías pero pocas las certezas.

El estudio del megalitismo resulta bastante complejo, pues salvando la característica común de que todas las construcciones que en él se engloban estaban realizadas con “grandes piedras”, es un fenómeno que presenta multitud de variedades, de culturas diferentes y que tuvo una duración muy prolongada, desde el Neolítico hasta la Edad de Bronce.

Podríamos dividir los megalitos en cuatro grandes grupos: menhires, henges, sepulcros y templos.

Foto: Stonehenge, Inglaterra

Los menhires están formados por un único megalito clavado en el suelo verticalmente. Lo más común es que se encuentren formando conjuntos, en hilera o en círculos: son los henge o cromlech.

Al contrario del resto de las construcciones megalíticas, en el caso de los menhires y henges no está tan claro su uso funerario. Se les ha atribuido otra serie de funciones según distintas teorías, desde su naturaleza artística, al estar trabajados escultóricamente, hasta de tipo astronómico, debido a su alineación, o ya incluso más imaginativas e inverosímiles como que fueron construidos por alienígenas. El más famoso de todos ellos, Stonehenge, en Gran Bretaña, ha dado mucho que hablar en este sentido, y junto a las ya mencionadas, una de las últimas hipótesis, defendida por el profesor de la Universidad de Bournemouth, Tim Darvill, y el profesor de la Sociedad de Anticuarios, Geoff Wainwright, defiende que la estructura era un lugar de peregrinación al que acudían enfermos de distintos lugares en busca de curación. Esta teoría se apoya en el hallazgo en la zona de restos humanos que presentan huesos rotos y otras dolencias.

Los sepulcros megalíticos son los monumentos más comunes. Toman distintas formas según las épocas y las regiones, pero, en general, podríamos agruparlos en cuatro grandes grupos: los sepulcros de corredor, los sepulcros de galería, los dolmen y los rundgräber.

Foto: Dolmen de Kilclooney, Irlanda

Los templos megalíticos son los monumentos menos comunes. Desempeñaron una función religiosa, como centros de culto de una compleja religión, de la que no sabemos casi nada más allá de lo puramente formal. Los templos más característicos (y los mejor conservados) son los de la isla de Malta.

Foto: Complejo megalítico de Mjandra, Malta

Podemos analizar los megalitos desde dos puntos de vista fundamentales: el físico (la monumentalidad, la visibilidad y la situación en lugares adecuados) y el ideológico (carácter funerario, religioso, simbólico, la condición de obra colectiva y elemento distintivo). Las distintas teorías giran en torno a cuál de estas dos facetas tiene más importancia.

C. Renfrew propone que los megalitos desempeñaron una función social, como elemento colectivo que mantenía el equilibrio entre los miembros de un mismo pueblo o una misma cultura. Se apoya sobre todo con el carácter colectivo de la mayoría de enterramientos megalíticos (a pesar del gran hueco de los dólmenes), pero ignora otras funciones asociadas a las construcciones de piedra. Otros autores, como Darwill y Fleming sostenían que su función era más física: servirían para delimitar el territorio, especialmente en contra de otros grupos humanos. Larson, Tilley y Shanks propusieron en momentos distintos que los megalitos eran, sobre todo, un símbolo que expresaba una ideología de poder, resaltando el control sobre el ritual destacado en el monumento, con lo que se ayudaba a mantener la continuidad del dominio de los poderosos. Una teoría bastante criticada por los especialistas en el Neolítico, en vista de que ignora la relativa igualdad social que se produjo durante esta etapa.

Para Saxe, los enterramientos funcionaban como un símbolo de posesión de la tierra. Al enterrar a los muertos en un lugar, las culturas trataban de afirmar su continuidad sobre el territorio. Chapman lo matizó, agregando que la intención de los grupos humanos era argumentar su derecho a explotar los recursos básicos de la zona.

Alrededor del 2.500, se dejaron de construir monumentos megalíticos. Todavía no están claras las causas, pero es posible que guardasen relación con los nuevos modelos de sociedad jerarquizada, y probablemente con la religión, que también experimentó una evolución.

Según todo lo anterior, y analizando la gran cantidad de variedad de monumentos megalíticos que existen, según mi punto de vista no todos ellos tenían la misma función, o más bien, no es posible limitarla en un sentido o en otro, sino considerar un conjunto de fines. Sin embargo, creo que todos ellos giran en torno a un conjunto de ideas más o menos similares.

Por un lado, la idea de una fuerza sobrenatural poderosa que está por encima de aquello que el ser humano no puede controlar, y el concepto de religión que surge de esta idea. Los egipcios adoraban a Re (Ra), el Dios sol, y según ciertas teorías las pirámides están construidas según la orientación de la constelación de Orión. Sea o no cierto, creo que no es ninguna casualidad que Stonehenge tenga una alineación orientada de forma que los rayos del sol atraviesen el eje de la construcción justo en el solsticio de verano, y que está relacionado con la idea de dios, y con la conducta religiosa humana, una mezcla de temor y admiración hacia aquella fuerza de la que depende la vida. Este concepto mágico-religioso también estaría relacionado con las teorías que he mencionado antes que defienden Stonehenge como lugar de peregrinación al que acudían enfermos en busca de cura.

Por otro lado, la idea del alma, el temor a la muerte, la esperanza en un mas allá. Creo que es especialmente significativo el hecho de que entierren a sus muertos, y no de cualquier manera, sino dentro de un monumento, conteniendo algunos de ellos ajuares funerarios. Coincido además, junto con lo dicho, con las teorías que afirman que los enterramientos contribuyen a afirmar la posesión de un pueblo sobre una tierra, y según mi opinión está claramente relacionado con la inexistencia de jerarquías: los integrantes de un asentamiento trabajaban unidos para crear esa construcción, en base a una ideología común y a una organización económica de intercambio recíproco.

Por último, gran parte de las leyendas que existen en las comarcas donde se encuentran los monumentos megalíticos, se refieren a éstos en su carácter mágico. Y, si bien no hay que considerar las leyendas al pie de la letra, pues sólo son eso, leyendas, sí es cierto que provienen de una tradición oral, transmitida durante generaciones, y que tampoco hay que desdeñarlas.

BIBLIOGRAFÍA
– BELLIDO BLANCO, A. y GOMEZ BLANCO, J.L. (1996) Megalitismo y rituales funerarios. Complutum extra, nº 6, pp. 141-152.
– CRIADO, F. Megalitos, espacio, pensamiento. Trabajos de prehistoria, nº 46, pp. 75-98.
– FERNANDEZ MARTÍNEZ, V. (2007) Prehistoria. El largo camino de la humanidad. Alianza Editorial, Madrid.
– MUSQUERA, X. (1990). Megalitos. Huellas de la civilización Madre. Ed. América Ibérica, Madrid.
– RENFREW, C. (1986). El alba de la civilización. La revolución del radiocarbono y la Europa prehistórica. Ed. Istmo, Madrid.
– VÉLAZ CIAURRIZ, D. (1999). Antropología, religión y símbolos en el fenómeno prehistórico del megalitismo. Zainak, nº 18, pp. 285-294.

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