Malta, fusión de culturas

Por una de estas casualidades de la vida, el año pasado acabé de crucero. Los cruceros son algo de lo que siempre había huido, y éste me sirvió para corroborar mi teoría. De hecho, cuando a mitad de semana llegamos a Roma, yo decidí desembarcar para poder disfrutar de esa espectacular ciudad, de la que ya nos habló un poquito Sandra.

Pero reconozco que mereció la pena sólo por conocer Malta, una isla maravillosa que, de otro modo, nunca se me hubiera ocurrido visitar. Poblada desde el 5.200 a.C., (sus templos megalíticos son Patrimonio de la Humanidad), ha sido habitada por numerosos y variados pueblos que dejaron su huella; romanos, cartagineses, fenicios… Los árabes llegaron hacia el 870 d.C., y suya es la muralla que rodea la Mdina, en el centro de la isla.


La Mdina


Hasta 1530, Malta formó parte de Sicilia, y a partir de ese año fue legada por Carlos V a la Soberana Orden Militar de San Juan de Jerusalén, que gobernó la isla hasta 1798. Fue ésta una nueva época dorada para Malta, ya que desempeñó un papel clave en el ámbito cultural de la Europa de los siglos XVII y XVIII. La vida artística y cultural de las islas revivió con la presencia de artistas como Caravaggio, Mattia Preti y Favray (entre muchos otros), a quienes los caballeros encargaban la ornamentación de iglesias, palacios y hospicios, como la co-catedral de
San Juan, que alberga “La decapitación de San Juan Bautista” de Caravaggio.

Esta catedral es una de las más de veinticinco iglesias de la capital, La Valleta, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La Valleta es una ciudad fortificada, donde perderse en el laberinto de sus calles estrechas es lo mejor que te puede pasar. Tiene palacetes en cada esquina y fachadas con balcones cubiertos, y la actividad hierve en sus calles con pequeños comercios y restaurantes pintorescos.



Co-catedral de San Juan

En 1798 Napoleón se hizo con Malta, pero dos años después pasa a manos de los británicos, que se quedarán hasta 1964, año de su independencia. La fusión de los elementos típicos de la arquitectura colonial inglesa junto con el material de construcción típico maltés, la piedra caliza,
dan lugar a un paisaje muy singular.



Típica cabina inglesa junto a la Biblioteca, La Valleta



De Malta te llevas muchas cosas, pero sobre todo, las ganas de volver. Y es que, esta pequeña isla, es realmente grande.
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