El Valle de los Reyes

Hay en el ‘país de las dos tierras’ un lugar que me sobrecoge cada vez que piso la orilla oeste de la antigua Tebas: el Valle de los Reyes. La necrópolis que los faraones de la XVIII dinastía escogieron como escondite para su eterno descanso, y cuyo ejemplo siguieron los de las XIX y XX dinastías, forma hoy en día parte del conjunto que en 1979 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Vista panorámica del Valle de los Reyes

Cuando uno se acerca hasta el Valle de los Reyes viniendo por carretera desde Luxor, hay una imagen anclada en la imaginación de todos los que disfrutamos con la arqueología y con los ilustres descubridores que como Heinrich Schliemann o Hiram Bingham nos han llenado la cabeza con esa fantasía colonial de principios del siglo XX. Sobre una colina a mano derecha, y como anticipo a las grandes tumbas faraónicas, se puede ver la casa donde Howard Carter vivió durante su última excavación en la región, aquella que sacó a la luz el más espectacular descubriendo arqueológico del siglo XX: la tumba de Tuthankamon.

Casa de Howard Carter

Dentro del parque arqueológico pueden visitarse cada día un número determinado de tumbas abiertas, y casi siempre la del famoso faraón niño, cuyo fabuloso tesoro está en el museo de El Cairo. De todas ellas a mí me gusta especialmente la del faraón Tutmosis III tanto por su lejana ubicación como por ser de las más antiguas con una estructura de excavación en la tierra que la hace un tanto especial.

Cartel de entrada a la tumba de Tutmosis III

Se trata desde luego de una tumba no apta para claustrofóbicos, ya que su acceso, inclinación y profundidad la hacen un tanto especial. Ahora bien, después de controlar unos minutos las pulsaciones, uno se encuentra ante una maravilla difícil de olvidar.

Interior de la tumba de Tutmosis III

No dejó de sorprenderme como en las tumbas más visitadas, por ser las más cercanas a la entrada, como la de Ramsés VII, de una espectacular belleza por cierto, las medidas de seguridad para preservar semejante santuario faraónico brillaran por su ausencia. Así como el la de Tutmosis III se aprecia en la fotografía como un cristal protege las pinturas murales, en la de Ramsés VI, lamentablemente había tramos en que se podían tocar con la mano. La última vez que estuve allí, en el año 2007, por un momento me dieron ganas de chillar a muchos de los cientos de turistas que entraban y tocaban alegremente pinturas de hace más de tres mil años.

Lo cierto es que en toda la orilla oeste de Tebas se respira una sensación casi mística, ya que además del Valle de los Reyes, se encuentran los templos funerarios de algunos grandes faraones, como el de la controvertida reina Hatshepsut o el de Ramsés III, conocido como Medinet Habu. El oeste es el lugar por donde se pone el sol, y para los antiguos egipcios, el lugar de reposo camino de la otra vida, y a fe que uno tiene esa sensación de estar en un lugar casi sagrado. En fin, que maravilla que es Egipto y que ganas tengo de volver otra vez …

Entrada al Valle de los Reyes

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