ROMÁNICO POR EL BESAYA







Una de las vías de comunicación que tiene la Meseta con Cantabria es la antigua vía romana que unía Pisoraca, hoy Herrera de Pisuerga y Portus Blendium –Suances- y llegaba hasta Portus Victoriae, actualmente Santander. Aún existe un tramo de aquella calzada en el municipio de Bárcena de Pie de Concha con Pesquera.

Esa vía, que fue muy transitada en la Edad Media, pasó a ser Camino Real para convertirse con el tiempo en carretera nacional y hoy, casi paralela a ésta, en autovía. Para hacernos una idea nos situaremos en Herrera de Pisuerga en Palencia para posteriormente pasar por Aguilar de Campóo y su aroma embriagador a galletas, Reinosa ya en Cantabria y enseguida la ya citada Bárcena.

Llevando como hilo conductor el río Besaya, recorrimos las iglesias de San Cosme y Damián de Bárcena; San Martín en Quevedo; San Lorenzo en Pujayo; San Andrés de Cotillo y San Juan de Raicedo. Todas ellas con características similares como ahora veremos en un recorrido de unos treinta km.

Planta de la iglesia de San Lorenzo de Pujayo

Cantabria



En la repoblación llevada a cabo en la zona, se erigieron una serie de monasterios de los que, como en la gran mayoría de los casos, tan solo nos queda en pie la iglesia. Y gracias. En palabras del historiador cántabro y máximo exponente del románico Miguel Ángel García Guinea, son iglesias de tipo “concejil”, pues daban servicio a un concejo y el monasterio pasaba a ser algo así como el señor feudal de la zona.

Estas fábricas son sencillas, de una sola nave, con ábside semicircular, presbiterio corto que acaba en arco triunfal doblado con capiteles no historiados –hojas, lazos, aves, bolas…- acceso a los pies normalmente y sobre sus sencillas portadas una espadaña de un cuerpo, salvo la dedicada a la reina Urraca, hija de Alfonso VI, que tiene dos cuerpos de dos campanas.

Al exterior destaca la buena labra y regular tamaño de los sillares de los ábsides, así como el apuntamiento de los arcos que ya señalan una época que se encamina hacia una madurez del estilo. La mayoría de estas iglesias fueron hechas en la primera mitad del siglo XII. De hecho, las cuatro preciosas Colegiatas de Cantabria se erigen en ese mismo siglo.

Los canecillos de todas ellas reflejan los más variados temas, como así solía ser en el medievo. Desde monstruos con cabezas humanas en sus fauces con la idea del pecador engullido por sus actos infames; personajes mostrando sus sexos en forma exagerada u obscena; músicos y a su lado actuando los acróbatas y sanltimbanquis, siempre tan denostados por la iglesia en esa época; animales varios: liebres, jabalíes, león, oso…

En la iglesia de San Lorenzo de Pujayo de propiedad particular, en la ventana orientada al sur, aparecen dos capiteles de marcada significación. En el lado izquierdo nos presentan a un personaje que porta al cuello una bolsa. Es la figura del avaro. Muy representado durante todo el románico con ejemplos maravillosos, como en la galería porticada del pueblo burgalés, pero de influencia palentina aquilarense, Rebolledo de la Torre.

El lado derecho nos ofrece otro ejemplo de uno de los pecados más denostados por la iglesia, que se desarrolla a partir del XII como es el de la simonía. Aparece la figura de un personaje con un báculo que se presupone es un Obispo. Le sujetan con grandes sogas dos personajes mientras dos serpientes se acercan hasta sus oídos. El mal, simbolizado en la serpiente convence al clérigo.

Capitel de la simonía.

Pues esta es una ruta corta, para hacer en un día y, ya de paso, degustar la sabrosa gastronomía cántabra.


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