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MEMORIAS DE TRAJANO

Al hilo de mi estancia en Sevilla durante esta Semana Santa, aproveché la ocasión para visitar la Casa de Pilatos, bellísimo palacio construido entre los siglos XV y XVI, cruce de estilos mudéjar y renacentista. Durante la visita, tuve la oportunidad de recordar la sesión de Elluminate sobre la columna de Trajano en Roma. En la denominada Sala Dorada de la Casa de Pilatos, se encuentra una réplica del relieve de armas situado en el lado izquierdo del pedestal de la columna; pero lo que más me sorprendió fue una leyenda sobre los restos de Trajano.

 La leyenda data de 1625 y está narrada por Ortiz de Zúñiga, cronista sevillano del siglo XVI. El tercer marqués de Alcalá, dueño del palacio y embajador en Roma del rey Felipe IV, fue obsequiado con la urna que contenía las cenizas del emperador. Dicha urna llegó a la casa de Pilatos y fue depositada en una estantería; según la narración del cronista, una criada, con exceso de celo limpiador, arrojó las cenizas imperiales al huerto de la casa, alimentando, quizá, a los naranjos del jardín.

Esta historia no es más que una leyenda, según documentó el catedrático Vicente Lleó en un artículo de 1996, ya que la urna no era más que una falsificación realizada en un taller romano; lo que sí indica, es la importancia que despertó en España el recuerdo de Trajano, nacido en Itálica y modelo clásico de hombre justo y buen gobernante.

Tal fama de justo tenía nuestro emperador, que como podemos leer en “La leyenda dorada”, obra de Santiago de la Vorágine, fraile dominico del siglo XIII,  Trajano fue… ¡resucitado¡ En efecto, en la vida de S. Gregorio Magno, Padre de la Iglesia y Papa entre los siglos VI y VII, se nos cuenta que el santo, al pasar por la columna del foro y pensar en las grandes pruebas de justicia demostradas por Trajano, se lamentó de que un hombre tan magnánimo estuviese condenado y, de este modo, rezó y lloró para que se le perdonaran los pecados. De repente, S. Gregorio escuchó una voz que le decía que su petición había sido tenida en cuenta y que Trajano sería perdonado, pero que en futuro se abstuviera de orar por ningún condenado.

S. Gregorio Magno (1795-1799)- Goya- Museo Romántico Madrid

Los doctores de la Iglesia no se ponen de acuerdo en si Trajano fue resucitado para que se pudiera arrepentir y, una vez hecho lo cual, volvió a morir y fue transportado al Paraíso, o simplemente permaneció en el Infierno sin sufrir daño.

El hecho es que Dante, en su Divina Comedia, recoge la historia y sitúa a Trajano en el cielo de Júpiter, honor que dio a muy pocos paganos.

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