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LOS PASEANTES DE PIRANESI

Al preparar el ejercicio de la asignatura sobre la columna de Trajano, recordé un grabado de Piranesi (1720-1778), donde el monumento aparece situado entre la Iglesia del Loreto y unos edificios romanos de mediados del siglo XVIII.

Mi aprecio por los grabados de este artista se inició hace muchos años, en mi lejana infancia, cuando al hojear las páginas de mi querida enciclopedia “Monitor” (otra antigüedad de tiempos remotos) descubrí un grabado de Piranesi. A partir de ahí empecé a interesarme por la obra del veneciano y tuve el placer de descubrir sus grabados de las vistas de Roma.

Desde el primer momento, estas ilustraciones me fascinaron e inquietaron simultáneamente. Las construcciones clásicas romanas aparecían junto a edificios del siglo XVIII; se presentaban como testimonios de un pasado que no había podido ser eliminado totalmente y que se negaba a desaparecer. A veces, entre las ruinas y los edificios aparecían unos diminutos paseantes, que admiraban o, al contrario, ignoraban los colosales restos.

 ¿Por qué aparecían esas personas entre las ruinas? Tal vez, Piranesi quería hacernos entender que esos gloriosos monumentos no eran un mero capricho de la imaginación humana, sino que tenían un sentido arquitectónico eterno que debía ser recuperado y que los hombres de todas las épocas podrían convivir con ellas.

Piranesi se consideraba a sí mismo como arquitecto, arqueólogo y erudito, pero su fama vino dada, desde el romanticismo, por su serie de grabados denominada “Carceri d´invenzioni”. Dichos grabados representan escenarios cerrados, arquitecturas repletas de columnas, aparatos de tortura, escaleras o puentes que no presentan continuidad ni sentido aparente. Son el contrapunto a sus vistas de la ciudad de Roma y, según algún estudioso, uno de sus propósitos era demostrar la superioridad de la arquitectura romana frente a la griega.

 Alguna de estas cárceles también está habitada por personas:  si en el caso de las Vistas se trataba de ciudadanos corrientes, que se paseaban a su libre albedrío, aquí son siluetas que deambulan entre las sombras, subiendo por escaleras que van de ningún sitio hacia ninguna parte (como ciertas obras públicas de la actualidad)… A los ojos de nuestro tiempo, no podemos dejar de pensar en los espacios descritos por los surrealistas o en los recovecos del castillo por los que se intentaba adentrar el agrimensor K.

Actualmente, tenemos la suerte de que Caixaforum ha inaugurado una magnífica exposición sobre Piranesi y que, para nuestro asombro, podemos penetrar en los interiores de las cárceles, gracias a un magnífico vídeo realizado por la empresa londinense-madrileña Factum-arte, especializada en diversas técnicas de conservación y reproducción artística. En el siguiente enlace, http://www.factum-arte.com/eng/default.asp  podemos gozar de un extracto.

Piranesi ha influido en un gran número de artistas y grabadores, desde Doré hasta Escher, y su huella se puede detectar, incluso, en el mundo del cómic español actual. Es el caso del último premio nacional de cómic,  Santiago Valenzuela y sus historias del capitán Torrezno (pero esa es otra entrada)…

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