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Un día en los Museos (II)

 

Hola a todos.

Continúo con la segunda parte de mi blog Museos en “familia”.

Estábamos, si recordamos, en el Miércoles, 2 de Mayo 2012, festividad en Madrid. Acabamos de terminar la visita al Templo de Debod. Son las 12h de la mañana. Pronto aún y en mi programa de visitas se encuentra, indiscutiblemente, el Museo del Prado.

El plan a llevar a cabo es recorrer todo el centro de Madrid, desde la Calle Ferraz hasta el paseo del Prado. Aguantaremos, por supuesto que sí. Pasamos por los lugares emblemáticos del centro de Madrid: Plaza España, Plaza de Oriente, Arenal, Plaza Mayor y Sol. Pero entre parada y parada inevitable para explicarle la historia de los monumentos, el magnífico ensamble de músicos de la calle Arenal, en San Ginés, y que se ha convertido ya en un monumento más de la geografía madrileña, mimos, tiendas, etc. llegamos a Sol a las 13h. Sería una osadía intentar llegar al Prado a esas horas sin comer. Así que nos vamos a comer y después visitaríamos el gran museo.

Comemos y, por supuesto caminando, llegamos desde Sol al Paseo del Prado. Son las 15:30h. Mi intención es, puesto que voy con mi hijo, visitar las obras más conocidas: Las Meninas de Velázquez El Jardín de las Delicias de El Bosco, Los Fusilamientos de Goya, etc. y por supuesto, El Greco, que de siempre me ha asombrado. Pero nada más lejos de la realidad. En vez de ser la visita que yo esperaba que fuese y tenerla contralada, se convirtió en un descubrimiento nuevo. Tres son los factores que contribuyeron a ello: primero, mi gusto e interés junto con mi motivación actual por el Arte, que te hace ver, dado lo aprendido, una obra con otro planteamiento; segundo, la contribución de la compañía de mi hijo y su visión imaginaria pero sincera de las cosas; tercero: el buen hacer del museo, elemento este que explicaré a continuación.

No sé muy bien por qué, pero entramos por la entrada de Goya Alta. Bueno, es el acceso más directo si uno llega andando dirección Sur, es decir desde Cibeles. El momento es de un cierto nerviosismo. Mi hijo ya ha venido al Museo con el colegio, por lo que me figuraba que su actitud sería algo indiferente. Pero no. Estaba ansioso, algo que me motivaba y me angustiaba a la vez; esto me exigiría poner lo mejor de mi mismo para que fuese lo suficientemente satisfactoria para él. Bien, el primer paso sería ubicarse. Hace años que no iba al Prado. Un momento de desconcierto nada más entrar, entre la gente, estar pendiente del niño y hacerme la composición de lugar. No sabía si es un situación habitual, pero presidiendo la sala ovalada abovedada de esta entrada, estaba la escultura Carlos V y el Furor de Leone Leoni y su hijo Pompeo Leoni; pero más tardé advertiría la razón de su situación allí mismo, o al menos una de las razones. Me dirijo al stand de info para pedir el plano de visita. Como he dicho, tenía claro lo que quería que viéramos, no necesitaba nada más salvo como dirigirme. Pero aquí llega el cambio brusco de la visita. La amable señorita de recepción se percata del niño y me entrega, junto con el plano, la actividad familiar Juego de Pistas.

Dentro del plan El Arte de Educar, “la Caixa” y el Museo del Prado han elaborado esta fantástica actividad,  para hacer la visita al museo con los niños una experiencia divertida, educativa y grandiosa. Aunque pone que es indicado a partir de 8 años, os aseguro que es válida para menos edad, mi hijo tiene 6, y altamente recomendable para adultos que quieran aprender como si fueran niños. Se trata de un set compuesto de varios juegos relacionados con las obras de arte, plano + lápiz y pegatinas. Se trata de, dados unos itinerarios propuestos, interactuar con las obras para como dice el folleto “El arte nos explica cosas sorprendentes pero no siempre es fácil percibirlas a simple vista. Con este juego de pistas descubriréis todos los secretos que esconde las obras”. Como son muchas las posibilidades de juego que ofrece la actividad y como quiera que, en ese momento de zozobra por el reto, quería seguir adelante con mi plan de visita, decidí intentar compaginarlo. Y aquí, la explicación, ó al menos para este caso, del porqué la ubicación temporal de la obra de Carlos V y el Furor en este acceso al museo. La primera actividad del juego, dada nuestra ubiación, era la denominada Caminar Alrededor. Se trata de observar la escultura para interactuar. ¿Qué sabemos de cómo observar una escultura?, evidentemente, desde todos los lados. Bueno pues el niño y el adulto deben comentar lo que ven, pero además para los peques dan pistas sobre elementos de la composición y empieza lo divertido; desde elementos concretos (en este caso encontrar el casco, espada, etc.…) hasta reconocer poses, escorzos y actitudes de los personajes. En el caso de la obra, Carlos V y el Furor, realizada en bronce fundido entre 1551-1561, por Leone Leoni y terminada por su hijo Pompeo Leoni, el juego resultó gratificante, y me aportó diversos recursos y modos de ver hasta ahora no reconocidos por mí. Pero un niño al final siempre te va a hacer la pregunta comprometedora, por lo que tuve que explicarle el significado de la obra, matizando ciertos aspectos. Tened por seguro que lo recordará, los niños son esponjas y si comprenden algo lo asimilan rápidamente.

La visita en estas circunstancias, pues, estaba lanzada. Me esforcé en que queriendo visitar las obras más conocidas pudiera ser compatible seguir en la dinámica de los juegos de pistas. Cómo estábamos en la planta 1, pasillo central, teníamos ante nosotros la pintura italiana de Tiziano y Titoretto, y la flamenca de Rubens al final del mismo; en las salas laterales, todos  los grandes de la pintura española desde 1550 a 1810. Recorremos y admiramos las obras de Tiziano; esas grandes pinturas de personajes, como la de Carlos V en la batalla de Mülhberg, que son las que más le llaman la atención por ir con armaduras y la pregunta, como si fuera un juego, es si ese señor era de los buenos ó de los malos; pero la cuestión es que si el pequeño se parase delante de las obras, entonces sería posible aumentar su implicación. Nos desplazamos a la zona del El Greco, mi admirado y enigmático pintor. Siempre me ha fascinado esa expresividad de ojos de los personajes de sus obras, esas formas alargadas, ese ambiente casi siempre místico, pero a la vez mágico y surrealista. El niño sigue preguntando, y le voy explicando; veo que aunque no le fascina el autor no pierde el hilo; pero no quiero detenerme mucho tiempo en el Greco y pasamos a Velázquez; le llevo a Las Meninas, y es él el que me explica el cuadro a su manera pues ya las conoce de la visita con el colegio.

Aquí os voy a reconocer que hice un descubrimiento que alomejor para un experto y/ó buen aficionado al arte es trivial. Es el de alejarse de la obra para mirarla. Es aquí donde el artista es grande por algo. Las Meninas están colocadas estratégicamente en la sala grande enfrente de la entrada del pasillo central (sala 12, la más grande). Hay mucha gente delante de la famosa obra, pero atisbo a un grupo de japoneses comentándola desde el otro lado de la sala. Me dirijo con el pequeño hacia allí, y miro hacia la obra. Sensacional. Parece que estás dentro de la estancia donde se desarrolla la escena. Esa sensación de profundidad a través de la luz es increíble. Parece que se pueden tocar las niñas de la parte delantera de la obra y están distantes el resto de personajes, como Velázquez autorretratado mas atrás en la semi penumbra. Siempre he admirado a Velázquez por la perfección en pintar la realidad, ahora además por su capacidad de darles vida. Conclusión, las obras hay que observarlas cuanto mejor mas separados de ellas.

Sin salir del asombro por mi descubrimiento, salimos de nuevo al pasillo central por la sección de pintura flamenca, directamente a Rubens. Aquí tenemos la siguiente actividad del juego de pistas, el cuadro de Adoración de los Reyes de Rubens. Es tal la excitación por todo lo que nos está pasando que nos lanzamos al juego; hay tanta cantidad de personajes que tenemos que contarlos e identificarlos, ver que están haciendo; el peque debe buscar el foco principal del cuadro, me refiero a la luz que irradia desde el niño Jesús al resto de personajes y tenemos que ver que expresión tiene cada uno. Y es que Rubens maneja muy bien la técnica con la psicología. Sensacional. Acabamos el juego y según me quedo admirando de nuevo el cuadro mi hijo ya está llamándome la atención por otro de los cuadros de Rubens, Lucha de San Jorge y el Dragón; sabe de qué va la escena pues conoce la historia que se cuenta en ella del colegio; un apunte, espero que esta generación de niños, con todo lo que aprenden tanto en el colegio como lo que les enseñamos en casa , desemboque en un perfil alto en su etapa adulta, tanto en preparación científica cultural y en humanidades, así como en sus comportamientos éticos y morales; si algo nos tiene que dejar claro viviendo la crisis de estos días es que tenemos un momento clave para la preparación a las nuevas generaciones para el futuro y crear una sociedad mejor. La cultura y el arte, creo que es un pilar básico en ello.

Seguimos explorando, ya llevamos un buen rato. El ritmo no decae, después de 1 hora. Quiero seguir, siguiente objetivo, Goya. Queremos por lo menos hacer otra actividad sobre Los Fusilamientos del 2 de Mayo, pero en un despiste me desvío por el resto de salas de artistas flamencos y hago nuevos descubrimientos: la perspectiva, los volúmenes y la composición de las obras a través de la luz y el color. Entonces me paro ante las obras de Roger van der Weyden y su El Descendimiento; Brueghel “el Viejo” y la serie de obras Los Sentidos. Confieso que ha calado esta escuela.

Al final llegamos a las salas dedicadas a Goya, pero ahora ya notamos el cansancio, y el peque se me viene abajo; pero aún así, decidimos intentar el último juego, pero comprendo que es tarde y convenzo al niño para descansar delante de los Fusilamientos de Goya y su obra al lado La Carga de los Mamelucos. Qué curioso, los reos fusilados en el primer cuadro SON los mismos protagonistas de la lucha sangrienta del segundo. Todo concuerda pues son episodios que discurren muy cerca en el tiempo, en aquella etapa tan importante de la historia de España y Universal. Este fue mi último descubrimiento de la visita. El niño ya no estaba para muchos juegos.

Nos vamos del museo, la vuelta a casa será larga. Pero lo vivido nos dejará marcados. Será uno de los mejores recuerdos de nuestras vidas, espero que mi hijo algún día lo valore, pero el hecho es que lo vivimos juntos, uniéndonos más. A mí me aportó muchísimo y me ayudará en lo sucesivo en el disfrute del arte.

Os animo encarecidamente a que hagáis lo mismo con vuestras familias. Es una alternativa más que interesante, sobretodo muy por encima de las actividades de ocio en familia establecidas.

Hasta siempre.

Bibliografía

Colecciones del Museo Nacional del Prado http://www.museodelprado.es

Copyright © 2010 Museo Nacional del Prado. Calle Ruiz de Alarcón 23. Madrid 28014. Tel. +34 91 330 2800. Todos los derechos reservados

 

A. Fernández, E. Barnechea, J. Haro. Historia del Arte. Vicens-Vives. Barcelona, 1991

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