Rubens en El Prado: el uso de la imágen

-Por Guillermo Rosés
El interés del Museo del Prado ha sido el de reunir en una sola exposición el mayor número posible de obras de Rubens (1577–1640), brindando así a sus visitantes una oportunidad poco frecuente de contemplar una amplia reunión de sus obras, la mayor disponible en este momento, empeño digno de alabanza si tenemos presente que hablamos de un prolífico artista de cuya obra dispersa por el mundo se conservan más de mil quinientas piezas, tal y como nos da a conocer el museo, realizadas gracias a su destreza con los bocetos en color, que sus ayudantes trasladaban a las telas para que el artista las concluyera.
Si durante la Edad Media, se había atribuido a la pintura religiosa una función didáctica con la que extender el conocimiento de las Sagradas Escrituras a los iletrados y con ello fomentar el cultivo de la fe, el belga Rubens supo hacer un uso alternativo de la imagen para las relaciones internacionales, aprovechando las oportunidades que le brindó la época en la que vivió, el Barroco, y de sus circunstancias y conflictos, uniendo a su talento artístico, un específico interés comunicativo de la obra.
De espíritu inquieto, políglota, de carácter afable, coleccionista de cuadros, esculturas y libros y viajero que frecuentó las cortes europeas recibiendo encargos de ellas, pintor favorito de Felipe IV, llevó en no pocas ocasiones la mitología a la escena de sus cuadros, con un afán de representación simbólica.
Sin afiliación a ninguna escuela concreta, permaneció fiel a su idea de que en pintura, uno se debía dejar guiar por el impulso de sus propios gustos, lo que le impidió reducir su actividad a una sola temática o especialidad concreta, interesándose además de por la mitología, por los temas religiosos, por los paisajes y por dos cuestiones de gran importancia: la historia y el retrato, motivos estos que unidos a su desempeño como diplomático al servicio de nuestra Monarquía, nos ayudan a desentrañar la capacidad del maestro para intervenir en los entresijos de la diplomacia europea del momento.
Rubens, que había bebido en su juventud de las fuentes del arte italiano más sobresaliente del comienzo del XVII –Carracci y Caravaggio-, fue reconocido en Flandes como indiscutible maestro a su regreso de Italia, cuando contando con treinta y un años, comenzó a mostrar en esa parte de Europa su particular modo de trasladar al lienzo el tratamiento de la luz, los colores y el movimiento tan característico de su pintura.
Con esta ambiciosa exposición de El Prado, quienes residamos en Madrid o podamos visitar estos días la ciudad, tenemos al alcance de la mano la oportunidad de comprobar su versatilidad y su desenvoltura en el trazo y uso de la luces, ocasión que por su atractivo no debemos dejar escapar.

Los impresionistas visitan Madrid

Por Guillermo Rosés
20 dic 2010

El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid aloja hasta el 13 de febrero de 2011 una delicada colección de obras de pintores impresionistas dedicada al jardín, ese espacio concebido como lugar intermedio entre la ciudad y el campo.

En ella podremos encontrar lienzos de Renoir, Manet, Corot, Daubigny, Morisot, Sargent, Caillebotte, Pisarro, Cezanne, Gauguin, Ensor y Bonnard, entre otros.

Al contemplar hoy los trabajos de los representantes de ese novedoso movimiento artístico que supuso el impresionismo, qué lejos queda la antigua mentalidad de los artistas egipcios, chinos o de Bizancio que identificaban la maestría del pintor con su escrupuloso respeto por la tradición.

El impresionismo, por el contrario, encontró su nacimiento y justificación en la quiebra de lo que le precedió a la segunda mitad del XIX, en la rebeldía en este caso frente a los temas clásicos y la forma en que la Academia Francesa de Bellas Artes concebía el arte.
Precisamente por el vaivén que da el impulso de la ruptura con lo conocido, la reacción primera del público suele ser la del rechazo de la novedad. Y esa fue en este caso la actitud inicial frente a los impresionistas –y aquí también la de la crítica-, que más tarde mudó en refrendo generalizado, que ha perdurado hasta hoy.

Al impresionista le preocupaba la luz por encima de la forma y eso es algo que advirtió estando al aire libre, el lugar donde gustaba ejecutar su trabajo, componiéndolo ‘del natural’. Es allí donde observaba que la luz impactaba sobre los objetos de forma distinta a como lo hacía en el estudio de un artista. Buena muestra de ello son los trabajos que se han reunido en esta exposición temporal. Y este hecho lo predispuso para atacar las tesis academicistas del momento y advertir los errores de considerar que al aire libre un fondo oscuro fuese simplemente un fondo negro, o que la luz reflejada en un objeto brillara de igual forma que como lo hacía en un estudio.

No, el impresionista rechazaba el principio del conocimiento –la concepción egipcia del arte- para en este sentido adherirse a la griega y observar más de cerca el efecto que esa luz producía en los objetos situados al aire libre.

Y es en este contexto en el que comenzó a desarrollar su particular estilo, con pinceladas muy cortas, descompuestas en colores primarios, donde el artista dio preponderancia a la luz y a sus efectos postergando su atención a la forma de los objetos que pintaba, porque lo que le interesaba destacar era su descubrimiento de que al aire libre, a los objetos no les corresponden colores propios, sino más bien mezclas que se funden en nuestra retina.
Y es que a la postre, esa nueva forma de concebir el arte ha calado en el público porque ayuda a inmortalizar el impacto que a nuestros ojos produce la contemplación de un sólo instante de naturaleza, de paisaje, de jardín, de ciudad o de paseo.

Aún tenemos tiempo de recorrer esos jardines, cuya popularidad en Francia a partir de 1860 nos recuerda la exposición, que fueron motivo común de inspiración para estos nuevos artistas del aire libre.

PASIÓN POR RENOIR

Bañista Rubia (1881)
Mis primeros recuerdos visitando museos están ligados a la pintura impresionista. Mi madre se esforzaba por contagiarnos de su emoción al contemplar aquellos cuadros llenos de color, de luz y de amor por la vida. Y…¡ha funcionado!. Esta semana hemos visitado la primera exposición monográfica de Renoir en España: PASIÓN POR RENOIR

Bajo el comisariado de Javier Barón, Jefe de Pintura del siglo XIX, el Museo del Prado junto con el Sterling and Francine Clark Art Institute han agrupado 31 obras del artista reunidas por el coleccionista norteamericano Robert Sterling Clark.

Para llegar a la sala que aloja la muestra, hay que pasar por otras zonas donde están las obras de Murillo y Velazquez. Se te van los ojos, quisieras tener tiempo para pasarte todo el día en el museo.

Pero volviendo a Renoir (1841-1919), enseguida te envuelve la delicadeza y sensualidad que despiden sus cuadros. Fue un pintor apasionado por su trabajo, “si no me lo pasara bien, dejaría de pintar”, declaró una vez. Es interesante como consigue además que los espectadores nos sintamos relajados, alegres, casi felices al contemplarlo.

Las pinturas expuestas están fechadas entre 1874 y 1900 y recogen los géneros que Renoir trabajo: el retrato, el desnudo, la figura femenina, la naturaleza muerta, el paisaje y las flores.
De los cuadros de esta exposición, que claramente recogen las preferencias del coleccionista, mis preferidos son los motivos femeninos.

Palco en el teatro (1880)

Una escena cotidiana. Dos mujeres en el palco de un concierto. Podemos apreciar en esta obra la pincelada larga y la amplia gama de colores. Si nos fijamos en el negro del vestido descubrimos varios colores, lo mismo pasa con el fondo donde se piensa que había una figura masculina que finalmente fue rechazada .
Miradas serenas, dulces, mujeres ideales.

Muchacha dormida (1880)

En Muchacha dormida vemos una joven conocida de Montmartre por sus muchos amantes pero también vemos a través del ojo del pintor una mujer sensual en pose erótica que recoge un instante de placer y deseo. Las mujeres de Renoir para mi son perfectas, un poco irreales, sin rasgos de preocupación. Son reflejo de sentimientos, de emociones bellas.

Pierre-Auguste Renoir. Autorretrato (h.1875)
Este autorretrato fue expuesto en la segunda exposición impresionista en 1876. Me gusta porque la mirada tiene una profundidad que no encuentro en los rostros de las mujeres.

En Bañista Rubia (1881) (imagen al comienzo de esta crítica) se aprecia la influencia que tuvieron en Renoir los maestros antiguos, en concreto Rafael. Es una celebración de la belleza femenina donde la luminosidad y el perfil del cuerpo de la modelo contrastan con los colores del fondo.

El artista estudió y se inspiró en Tiziano, Rubens, Velazquez, Rafael pero fue también una referencia para artistas jóvenes del momento como Picasso o Matisse.

Enseguida acaba la exposición. Me ha gustado ,aunque se me ha hecho corta y me sobra un poco de tiempo. Decidimos hacer una visita rápida a otra maravillosa muestra que está solo dos pisos por debajo en el mismo museo: RUBENS

¡ Hay que verla! Yo misma tengo que regresar a esta maravillosa colección. Buscaba referencias en Rubens que hubiera apreciado en Renoir y encontré los colores, las flores y la belleza de las mujeres.

Salí del Museo del Prado queriéndome quedar.

TURNER Y LOS MAESTROS

TURNER Y LOS MAESTROS

(22 Junio-19 Septiembre 2010)


Madrid es un placer en agosto. El tráfico desaparece, las calles están tranquilas y se puede disfrutar de la ciudad…. más aún si tenemos la oportunidad de visitar alguno de sus grandes museos. Lo organicé rápido, no hubo problema de entradas ni colas kilométricas en los jardines del Prado. La exposición “ TURNER Y LOS MAESTROS” nos estaba esperando.

La muestra fue organizada por la Tate Britain, en colaboración con la Réunion des Musées Nationaux y Galeries Nationales du Grand Palais y el Museo del Prado . El comisario era Javier Barón, Jefe del Departamento de Pintura del siglo XIX del Museo del Prado.

Se reunieron un total de 80 obras: 42 de Turner (Londres 1775-1851) y 38 de otros maestros. Algunas de ellas, como Sombra y oscuridad, La víspera del Diluvio, luz y color y Naufragio de un carguero, eran novedades respecto a las exposiciones previas de Londres o París.

La exposición estaba presentada en parejas o pequeños grupos de cuadros. Por un lado, la obra de antiguos maestros y también de algunos contemporáneos de Turner; por otro lado, la pintura del artista británico.

Así, resultó facilísimo entender como Turner se había ido nutriendo de las enseñanzas de otros admirados artistas. Sin embargo, Turner era un hombre muy ambicioso: una vez hubo asimilado la influencia de Rembrandt, Rubens o Claudio de Lorena, se fijó como meta rendirles homenaje, y a la vez superar a los artistas de su época con los que competía.

Cuentan que en las exposiciones que se realizaban en la Royal Academy, ningún artista quería que su obra figurara al lado de la de Turner: era como tener una ventana abierta, se te iban los ojos a mirar.

La impresión que me dieron las pinturas de Turner fue de modernidad: me encantaría tenerlas en mi casa. Algunas de sus obras como Tormenta de nieve me gustaron muchísimo, parece casi una obra abstracta.

Turner. Tormenta de nieve. Exp. RA 1842

Jacob Van Ruisdael. Mar picada. 1670

Me llama la atención como representa la tormenta: realmente se siente su fuerza, su poder, lo pequeño que es el hombre ante ella. En esta época Turner afirmó: “ Sí, la atmósfera es mi estilo”.
Como todos los grandes logros, esa originalidad es el resultado de mucho estudio y de una evolución trabajada y consciente. Turner nació en Londres en una familia humilde y trabajó sin descanso para convertirse en un gran artista. Recibió una educación como dibujante de arquitecturas y desde 1789 en la escuela de dibujo de la Royal Academy.

Estudió la pintura veneciana (Tiziano, Veronés, Canaletto) y se atrevió a interpretar la ciudad a su estilo, con menos detalle, con una pincelada que recuerda un poco al impresionismo.

Canaletto. El molo desde el bacino di San Marco. 1733-34

Turner. El puente de los suspiros,el palacio ducal y la aduana de Venecia: Canaletto pintando. Exp RA 1833.

A Turner le interesaba llegar a ser el mejor paisajista de su tiempo y por eso se fijo en la pintura holandesa y flamenca. Trabajó paisajes y escenas de la vida cotidiana copiando la destreza técnica y la amplia variedad cromática de artistas como Rembrandt.

Rembrandt. Muchacha en la ventana. 1645

Turner. Jessica. Exp RA 1830

Para mí, aprendiz de arte e historia, la exposición me ha parecido interesantísima. Conociendo a sus maestros y sus contemporáneos es posible entender y apreciar a Turner. También queda clara la importancia del estudio, la formación y las ganas de superarse constantemente.
Como no me pude llevar el cuadro, compré un imán para mi nevera, copia de Tormenta de nieve. Una maravillosa exposición de la que salí contenta, había disfrutado y aprendido algo nuevo.

VISITA DE UN MUSEO EN SECOND LIFE

Ayer celebramos una de nuestras sesiones de “Una tarde, una obra” y decidimos, por primera vez, trasladarnos del aula a Second Life. La experiencia no pudo haber sido más estimulante. Visitamos juntos la Art Gallery Classic Paintings and Textures, un museo imaginario con reproducciones de las principales obras de la Historia del Arte que albergan hoy los grandes museos como el Louvre, el Prado o la National Gallery. Pudimos pasearnos por las salas del museo y practicar la identificación de piezas y el comentario crítico de algunas obras de arte, como la Trinidad de Masaccio (1425, Santa Maria Novella de Florencia), el Nacimiento de Venus de Botticelli (1484, Los Uffizi) o La Última Cena de Leonardo da Vinci (1495, Santa Maria delle Grazie de Milán).

Las imágenes del museo son de alta resolución lo que permite acercarse a las obras y contemplar cualquier detalle representado y analizar hasta la pincelada del pintor. El Museo incluye también alguna recreación visual, aunque parcial, de algunos espacios reales, como la Capilla Sixtina. ¡Hasta podemos levantar la cabeza y observar el techo pintado por Miguel Ángel! En este sentido, una pregunta que nos hicimos fue: ¿no podrían los principales museos del mundo seguir la misma senda y ofrecer a los internautas recorridos similares, a través de sus salas, en Second Life? Sería de extraordinaria relevancia para el estudio de la Historia del Arte y para el mayor conocimiento de las principales pinacotecas del mundo. Second Life deja también la puerta abierta a la iniciativa de reconstruir espacios desaparecidos, como por ejemplo, el Palacio del Buen Retiro o el viejo Alcázar de Madrid, por poner sólo dos ejemplos.

La visita de este museo nos ha permitido, además, hacernos algunas preguntas. ¿Cómo está organizada la colección?, ¿responde a algún criterio cronológico o geográfico?, ¿cuál es la visión de la Historia del Arte que nos quiere contar? Son preguntas, en realidad, aplicables a cualquier museo que visitemos. Este museo da mucha importancia a la pintura italiana y dedica salas enteras a los grandes genios de la Historia del Arte. Un criterio, como veis, muy convencional. Le interesa muy poco comparar y confrontar cuadros de diferentes artistas, o establecer paralelismos entre distintas épocas y espacios.

Second Life tiene un gran potencial en el ámbito educativo. Supone, a mi modo de ver, una auténtica revolución para la didáctica de la Historia y de la Historia del Arte. Imaginad que se multiplicaran museos como este, para dar cabida, también, al estudio de la escultura. ¡Nos permitiría contemplar y estudiar una determinada escultura desde todos sus ángulos! El estudio de la arquitectura se vería también muy beneficiado si Second Life contara con recreaciones de las principales edificaciones de la historia. Como veis, la visita de este museo, nos permite también soñar. ¡Espero que muchas veces llevemos nuestras clases a Second Life!

EL IMPRESIONISMO. UN NUEVO RENACIMIENTO.

Viernes por la tarde. Acudimos a la Fundación Mapfre, en Madrid, después de haber comido rápidamente para ver la exposición “Impresionismo. Un nuevo Renacimiento”. Iba avisada: las colas podían ser largas. Pero me dije: no será para tanto… Pues bien, casi tres horas estuvimos haciendo cola para ver una de las exposiciones con más éxito en Madrid este año. Y yo me preguntaba con algo de amargura: ¿por qué arrastrarán tantas masas los impresionistas? A veces pienso que resulta hasta sospechoso tanto consenso sobre la belleza sin fin de sus cuadros. Sí, gustan a todos, y si no, preguntaos: ¿a quién no le encantan los impresionistas? Hay bellezas más difíciles de apreciar, sobre todo en un principio, pero suelen ser después muy gratificantes. No es el caso, sin duda, de la pintura impresionista, tan llena de vitalidad y de una alegría contagiosa que nos invade al minuto de plantarnos frente al cuadro.

La ocasión de ver en Madrid obras cumbre del Museo d’Orsay de París no nos decepcionó. Contemplar El columpio de Pierre-Auguste Renoir, por ejemplo, bien vale una cola kilométrica. La exposición podrá verse hasta el 22 de abril en la Fundación Mapfre, Instituto Cultura (Paseo de Recoletos, 23). Animaos a ir todos antes de que finalice. Todavía no hemos estudiado el Impresionismo, ¡pero ésta es una buena ocasión de introducirnos en él!

Esta exposición ofrece un largo recorrido a través de la pintura francesa para explicar cómo convivió el Impresionismo con otros movimientos (como el realismo de Courbet, el academicismo de Bouguereau o el simbolismo de Moreau) que surgieron en un momento difícil de la historia de Francia, tras la guerra franco-prusiana (1870-71) y los sucesos de la Comuna de París (1871). Vemos a los impresionistas en su contexto. Pintores como Pierre Puvis de Chavannes consiguen pronto el reconocimiento del Salón de París, mientras los impresionistas padecen el rechazo inmediato de la Academia. A medio camino, Édouard Manet, líder de los impresionistas aunque nunca expusiera con ellos, se esfuerza por ocupar un lugar en el Salón de París. La exposición hace el debido hincapié en la trascendencia de este pintor, que protagoniza una recuperación de la pintura española del Siglo de Oro, tomando a Velázquez, pero también a Goya, como indiscutibles modelos a seguir. El Pífano de Manet aúna de manera brillante el recuerdo español con la modernidad técnica.

La exposición se muestra más interesada en enseñar la influencia española sobre el Impresionismo que otros aspectos como el orientalismo o la influencia de la fotografía. El cuadro Un taller en Batignolles (1870) de Henri Fantin-Latour nos muestra a todo el círculo de jóvenes pintores: desde Manet, a Monet, Bazille o Renoir, acompañados de Astruc o Zola. La estación de Saint-Lazare (1877) de Monet permite comprender muy bien cómo los impresionistas hicieron de la captación de los efectos atmosféricos una prioridad en su particular renovación del lenguaje pictórico. Se ha repetido hasta la saciedad que fueron los primeros en pintar a plein air. Pero allí no reside su novedad (ya lo habían hecho muchos otros pintores en el pasado), sino justamente en la pincelada vibrante que persigue reflejar los efectos de la luz en la naturaleza, en los objetos, en el agua, como nos enseña Cézanne en su maravilloso Puente de Maincy (1879), muy preocupado también por la solidez de los volúmenes.

No dejéis de ir a verla pero, eso sí, cargados de paciencia y con un buen libro que amenice la espera. ¡Buen fin de semana a todos!

Diana Carrió-Invernizzi

EL ARTE DEL PODER. LA REAL ARMERÍA Y EL RETRATO DE CORTE

Estimados estudiantes:

Os cuelgo un ejemplo de crítica de una exposición para que os familiaricéis con su estructura y os animéis a realizar vuestras propias críticas. Recordad que en el aula disponemos de unas carpetas llamadas “Pautas de trabajos académicos” y “Modelos de trabajos” donde encontraréis más orientaciones para reseñar una exposición. ¡Mucho ánimo!

El arte del poder. La Real Armería y el retrato de corte.

Hay objetos artísticos que no tienen hoy el mismo aprecio del público que en el pasado. El Museo del Prado, en su valiente apuesta por proyectos expositivos inéditos, acaba de inaugurar una exposición que explora por primera vez el papel y el significado de las armaduras en la España moderna, a la vez que propone un recorrido por la historia del retrato de corte entre los siglos XVI y XVIII. La exposición ha podido verse el año pasado en la National Gallery of Art de Washington y ahora llega a España de la mano de Seacex y de Patrimonio Nacional. Comisariada por Álvaro Soler del campo, Conservador Jefe de la Real Armería de Madrid (Patrimonio Nacional), la exposición se podrá visitar hasta el 23 de mayo de 2010.

Las exposiciones a menudo pecan de repetitividad. Se tiene la sensación de haber contemplado ya las mismas obras y las mismas temáticas muchas veces. Sin embargo tenemos ahora la oportunidad de ver algo nuevo. Es la primera vez que se exponen juntas la magnífica colección de armaduras de la Real Armería, fundada en tiempos de Carlos V y una de las más importantes en la época (con un total de 27 piezas expuestas) y una colección de 35 pinturas de El Prado, con obras de Tiziano o Rubens. El visitante puede así comparar por primera vez el retrato de corte con las propias piezas de armadura que visten los reyes y nobles en los retratos. De nuevo aquí, nos hallamos ante una excepción: son pocas las exposiciones que inviten al visitante a reflexionar sobre una problemática histórica clara. A menudo salimos de una exposición sin entender bien lo que se nos quería contar, cuál era la tesis planteada por la exposición.

El espectador, a lo largo del recorrido, consigue extraer varias ideas. La armadura, como objeto de colección, tuvo un peso muy importante en la edad moderna, junto a las pinturas. Era portadora de valores de nobleza, dignidad y poder. Los armeros reales, como los hermanos Negroli o Desiderius Helmschmid, tuvieron una gran consideración en la época y llegó a establecerse entre ellos una lucha por mantener el favor real. La exposición nos enseña cómo estos artistas utilizaron en ocasiones las armaduras para atacar al adversario. El arte hecho rivalidad. Cada una de estas ideas están explicadas en el recorrido expositivo con claridad y elocuencia, lo que es digno de agradecer.

La primera sección esta pensada para introducir al espectador en el mundo de las colecciones reales de armerías, su significado ideológico y su reflejo en la pintura. Destacan la Celada de parada del emperador Carlos V y la borgoñota del emperador, símbolo de la victoria cristiana sobre el Islam. Podemos ver también cuadros de Velázquez, Rubens y Teniers. Entre las curiosidades de esta sección vemos una carta del Conde Duque de Olivares que intercede para que se le permita a Velázquez acceder a la Real Armería y copiar los modelos de armaduras. La segunda sección entra de lleno en el retrato de corte y su relación con la armería hasta el reinado de Felipe II. La tercera sección se centra en la ausencia de retratos armados en la segunda mitad del siglo XVI, fruto de un cambio de actitud de Felipe II hacia la armadura. La recuperación del género llegaría durante el reinado de Felipe III. La cuarta sección explora el papel de la Real Armería en la pintura de corte del siglo XVII. Y por último la quinta sección ahonda en el retrato borbónico en armadura. Cierra la exposición el último retrato armado de un monarca español, el extraordinario Carlos III de Mengs. ¡Os la recomiendo a todos!

RITORNO AL BAROCCO

El pasado fin de semana, después de participar en el V Congresso della Società Italiana delle Storiche, corrí a ver una gran exposición, Ritorno al Barocco, que podrá visitarse en Nápoles hasta el 11 de abril de 2010.
Todos conocéis a estas alturas mi pasión por Nápoles, que no deja de crecer, y ello pese a haber sido víctima en esta ocasión de unos niños que han llegado a romperme las gafas con un simpático balonazo: ¡il calcio a Napoli, sempre il calcio! Menos mal que siempre están allí la rica mozzarella, las pizzas de buenos ingredientes y los increíbles babás y sfogliatelle para endulzarle a una cualquier momento amargo…
Pero Nápoles siempre ofrece recompensas. Esta vez han sido, entre muchas otras, las iglesias de San Gregorio Armeno y Santa Maria delle Anime del Purgatorio… Y un sinfin de bellos lugares, el más grande de ellos: el Vesubio.


Ésta ha sido una gran exposición que ha involucrado a seis museos y palacios de Nápoles y a numerosas iglesias integradas en circuitos expositivos. Ha sido la ocasión de homenajear a Nicola Spinosa, un gran historiador del arte napolitano y a toda su trayectoria profesional. Entre los años setenta y ochenta, Nápoles acogió dos grandes exposiciones, La Civiltà del Settecento a Napoli y más tarde La Civiltà del Seicento a Napoli. Era momento de hacer balance sobre lo que ha sucedido en los estudios sobre el Barroco en Italia, en los dos últimos decenios. Sin embargo, el esfuerzo no parece haber sido el mismo en lo que se refiere a la profundidad del mensaje y la reflexión que le brindan al visitante. Tenemos ahora la oportunidad de ver un gran número de maestros del Barroco, pero también la hemos tenido en el pasado y la tendremos en el futuro. Cierto es que esta exposición ha ido precedida de una gran campaña de restauración de obras cuyos resultados los comisarios se han encargado ahora de mostrar. Pero el gran despliegue mediático no ha ido de la mano de un esfuerzo didáctico. Cuando se va a ver una exposición se espera disfrutar con las obras, pero también que le permita reflexionar sobre una problematica histórica. Siempre que esto no sucede, me parece una ocasión perdida.
De todos los espacios museográficos de Ritorno al barocco, los más atractivos son el Castillo Sant’Elmo (desde donde hice la foto del Vesubio que os he colgado) y el museo de Villa Floridiana (con fabulosas piezas de artes decorativas barrocas). Los dos hacen que merezca la pena el largo trayecto en funicular que hay que recorrer.

Quizá una de las citas más interesantes de Nápoles en estos momentos sea la exposición Barock en el museo Madre (Museo di Arte Contemporanea Donna Regina). Varios artistas (entre ellos, el popular Damien Hirst) reflexionan sobre qué queda del Barroco en la sensibilidad contemporánea y cómo se ve reflejado en sus obras. Se ha hablado mucho desde los años ochenta de la era neobarroca que estamos viviendo. Barock nos permite volver a pensar en ello.

Nápoles os permitirá gozar del Barroco, pero también de los azules del mar, como en esta imagen de Castel dell’Ovo. ¡Parténope bien vale una visita, amigos!
Un abrazo a todos y ánimo con los exámenes que se avecinan (para los que, pese a ello, han tenido tiempo de leer estas líneas 😉

Diana Carrió-Invernizzi